Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y pueblos fuertes solo necesitan saber a dónde van. José Ingenieros

jueves, septiembre 28, 2006

El Liberalismo

Esta nota la archive hace un tiempo atrás. Me pareció muy buena.

El liberalismo no fracasó; nunca se aplicó
El autor responde a Juan José Llach, que afirmó que el "paradigma neoliberal está en crisis", argumentando que en la década pasada no primaron las ideas de la libertad.



El hecho de asociar la experiencia argentina durante la década del 90 con las ideas de la libertad y los principios de una sociedad abierta genera, en algunos casos, una profunda confusión en torno a estos conceptos. Por ejemplo, el ex vice ministro de Economía Juan José Llach, entrevistado el 13 de septiembre en LA NACION, realizó una serie de aseveraciones (tales como que "el paradigma neoliberal entró en crisis" y que con "un final tan malo es razonable que también el neoliberalismo haya perdido anclaje y vigencia social") sobre las cuales es necesario realizar algunas aclaraciones.
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Durante la década de 1990 no falló el liberalismo porque, lamentablemente, no fue aplicado. Lo que funcionó fue un sistema prebendario, corporativo y rentístico. Las apelaciones al liberalismo fueron meros efectos de marketing político para ganar la simpatía de los inversores financieros que gozaban de un seguro de cambio encubierto, como era la convertibilidad.
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La llamada "reforma" fue esencialmente fiscalista, orientada a financiar un déficit crónico que, en el período 1991-1995, se alimentó a partir de la venta de activos y privatizaciones monopólicas y, en los años subsiguientes, lo hizo a través del endeudamiento, duplicado entre 1996 y 2001. Durante esa década el incremento del gasto público representó dos veces el crecimiento del PBI.
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La supuesta apertura comercial en el marco del Mercosur aisló a la economía argentina del resto del mundo y sirvió como paraguas para el desarrollo de sectores productivos no competitivos. Con la armonización de derechos de importación con sus socios del Mercosur, en enero de 1995, la Argentina incrementó sus tarifas en 71 de los 97 capítulos arancelarios . En materia laboral, se mantuvieron cuotas sindicales compulsivas mientras el poder sindical se fortalecía a partir de obras sociales monopólicas. Por su parte, la reforma previsional tuvo por objeto crear un mercado de capitales para el financiamiento del sector público -con obligación de compra de un alto porcentaje de títulos públicos-, por lo que la responsabilidad final seguía siendo la misma que en el sistema de reparto.
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El gobierno financió su enorme crecimiento sobre la base del aplastamiento de las espaldas privadas. La recaudación impositiva creció $30.000 millones anuales entre 1991 y 1999. El endeudamiento público ahogó todo financiamiento privado, absorbiendo el crédito disponible e incrementando los niveles de tasa de interés por encima de la rentabilidad empresaria. En la explosión de la crisis (2000-2001), las autoridades no dudaron en confiscar los depósitos bancarios, los fondos de las AFJP y finalmente los ingresos de todos los argentinos. Dificilmente esta sucesión de confiscaciones pueda confundirse con... °liberalismo!
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Tampoco la llamada reforma de los 90 protegió las instituciones básicas en materia de propiedad intelectual (tal es el caso de las patentes medicinales y el software ), por lo cual Argentina está quedando fuera de la tercera gran revolución de la historia de la humanidad: la Revolución del Conocimiento.
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La centenaria tradición de la libertad
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Afirmar que el liberalismo ha fracasado significa desconocer los últimos doscientos años de la historia de la humanidad, en los que la población se multiplicó por ocho, el comercio por 540 y el ingreso per cápita por 40. En este período la esperanza de vida se duplicó: el hombre previo a la revolución industrial tenía una esperanza de vida que apenas superaba los 40 años, mientras que hoy es el doble. Enfermedades de hoy, como la obesidad y el alto nivel de colesterol, eran impensables en un mundo caracterizado por la hambruna y el insuficiente consumo de calorías. El orgullo de los defensores de las ideas de la libertad debe fundarse en los resultados de la aplicación de sus ideas. El hombre abandonó la Edad Media cuando los marcos institucionales comenzaron a delinear un nuevo rumbo en materia de protección de derechos individuales, propiedad privada, y limitación al gobierno, delineados a partir de hitos tales como la Carta Magna británica de 1215, la Revolución Gloriosa (1688) y la Constitución de los Estados Unidos (1787).
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No fueron las ideas de la planificación central, la propiedad pública, las regulaciones y las confiscaciones las que motorizaron el crecimiento apuntado. El mundo comenzó a cambiar cuando la libertad individual, los derechos de propiedad, el respeto de las libertades civiles de comerciar, transitar, profesar diferentes cultos, publicar en la prensa o ejercer industrias, empezaron a respetarse en forma generalizada en algunas regiones del planeta.
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Fue la libertad y no la planificación. Fueron los derechos individuales y no la prepotencia pública. Fue la competencia y no los mercados cautivos. Fue el esfuerzo silencioso y privado y no los héroes públicos y totalitarios. Fue la inversión y la iniciativa privada y no las publicitadas obras públicas. Fue el mercado y no los gobiernos el que brindó las soluciones más eficientes a los problemas que retrasaron a la humanidad por siglos.
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No fue el liberalismo el que entró en crisis sino los modelos "mercantilistas y pragmáticos" de la década del 90. En esa época no se aplicaron las ideas rectoras como son la división de los poderes, la protección de la propiedad privada, la libertad de mercados, la iniciativa individual, la limitación del gobierno.
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Quienes defendemos los principios de propiedad privada, mercados libres y gobierno limitado no debemos engañarnos ni autoflagelarnos por el desastre de los noventa, que fue generado por los gestores de la voracidad pública iluminados en su médula con las ideas del estatismo, la planificación y la ingeniería social.
Por Guillermo M. Yeatts

El autor escribió los libros Raíces de pobreza. Las perversas reglas de juego de América Latina y El robo del subsuelo . Es presidente de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
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